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El lider cristiano ante las tentaciones
sexuales
En estos días los medios de comunicación nos han saturado con la
noticia de un prominente líder religioso puertorriqueño que cometió
adulterio. Este hecho lamentable hace que mucha gente pierda la
confianza en el evangelio. Como líderes debemos cuidarnos de
situaciones como esta para proteger el nombre de Jesucristo. Ninguno
de nosotros somos inmunes a caer en un pecado sexual. Por esa razón
debemos tomar las medidas necesarias que nos protejan lo mejor
posible. A continuación les presento un artículo muy útil sobre este
tema. Lo saqué de la revista Apuntes Pastorales Volumen XIX-4. Estoy
seguro que será de gran bendición para tu vida.
Con amor cristiano,
Dr. Javier Donate
Agosto 2004
Estrategias Para Guardarse de Caer
Por: Randy C. Alcorn*
Pasos prácticos que mantienen la pureza y el ministerio de
pastores y líderes
Recientemente hablé sobre la pureza sexual en una universidad
cristiana. Durante esa semana, muchos estudiantes me pidieron
consejeria, incluyendo tres que llamaré Raquel, Bárbara y Pamela.
Raquel fue directo al punto: «Mis padres me mandaron a uno de
nuestros pastores para que me aconsejara y terminé durmiendo con él».
Luego, el mismo día, Bárbara, la hija de un líder de una iglesia, me
dijo entre lágrimas: «Mi padre ha tenido relaciones conmigo por años,
y ahora está comenzando con mis hermanas». El siguiente día conocí a
Pamela, ¿su historia?: «Vine a esta universidad cristiana huyendo de
una relación vergonzosa con mi pastor.»
Por cada gran personaje cristiano que goza de publicidad, hay una
gran cantidad de pastores, maestros y líderes, menos conocidos, que
renuncian o son expulsados por inmoralidad sexual. Muchos podemos
nombrar a varios. El mito de que los ministros son moralmente
invulnerables muere agónicamente ante la abrumadora evidencia.
Nunca ha habido anticuerpo místico que nos haga inmunes al pecado
sexual. Aun aquellos de nosotros que nunca hemos caído sabemos lo
cruel que es la lucha contra la tentación.
Además, el ministerio tiene sus trampas - minas antipersonales que
destruyen nuestras familias e iglesias. Entre ellas: nuestra
posición de influencia y la extraña mezcla de ego alimentado y
critica al ministerio debilitante, que nos llenan o con orgullo o
con desesperación. Como resultado de ello, nuestra perspectiva se
nubla, nuestra resistencia a la tentación disminuye. Agréguele, que
nuestras interminables tareas y la consiguiente fatiga desordenada
nos hacen distraer a lo que sucede realmente.
Puedo recordar con inocencia mi situación como pastor nuevo. Cada
vez que escuchaba historias sobre líderes cristianos cayendo en
pecado sexual, pensaba, ¡nunca me va a pasar a mí!
¿Qué nivel de orgullo hace falta para creer que el pecado sexual
puede tragarse a hombres como Sansón, David (un hombre de acuerdo al
corazón de Dios), Salomón, y una hueste de líderes cristianos
modernos, pero no a mí? La advertencia de Pablo en 1 Corintios 10:12
merece un lugar prominente en nuestros escritorios o agendas, «el
que piensa estar firme, mire que no caiga».
Afortunadamente maduré. La persona que cree que nunca va a ser
asaltada, deja abierta la puerta y la ventana y pone la billetera al
alcance del ladrón. De igual modo, el que piensa que el peligro no
es real, está tomando riesgos que va a pagar caro. Ahora vivo con el
temor, pero al mismo tiempo motivador conocimiento de que sí puedo
llegar a cometer una inmoralidad sexual. He comenzado a tomar
precauciones para que no me suceda.
Monitoreo mi pulso espiritual
En la mayoría de los casos, aquellos que caen en una inmoralidad
sexual pueden señalar interrupciones en sus practicas de meditación,
adoración, oración, y la saludable autoexaminación que tales
disciplinas encierran. Todos sabemos esto, pero en la tarea de dar,
podemos muy fácilmente negarnos el aprovisionamiento de nuestras
reservas espirituales.
Las disciplinas diarias son importantes, por supuesto, pero
encuentro que para mí no son suficientes. Dios le dio a Israel no
meramente una hora al día, sino un día a la semana, varias semanas
al año, y aun un año cada siete para romper la rutina de la vida
para reflexionar y adorar.
Periódicamente tomo retiros nocturnos solo o con mi esposa. En
tiempos de gran necesidad, me tomo una semana en una cabaña en la
costa. No es una vacación, sino un tiempo sin demandas inmediatas
para escuchar la calma y la pequeña voz de Dios; voz que las tareas
diarias ahogan.
Guardo mi matrimonio
Encuentro que debo evaluar con regularidad mi relación con mi esposa.
En particular, busco las banderas rojas del descontento, la
comunicación deficiente, y las relaciones sexuales insatisfactorias.
Tratamos de tomarnos tiempos regulares e ininterrumpidos para
renovar nuestra cercanía íntima, espiritual, intelectual y emocional.
Muchos líderes cristianos se mueven tan libres en el mundo de las
grandes verdades y actividades espirituales que a menos que tomen
tiempo para comunicarse diariamente con sus esposas, estas pueden
quedar fuera de sus vidas. Este desarrollo de dos mundos separados
nos guía a dos vidas separadas, y frecuentemente es el primer paso
para tener una relación adúltera con «alguien que me entienda, a mí
y a mi mundo».
Los problemas en la comunicación son la clave del comienzo de una
decepción y de cada adulterio, muchas decepciones comienzan con
secretos inocentes, cosas que «mi esposa no necesita saber».
En mi trabajo, me rodeo de cosas que me recuerdan a mi esposa e
hijos - fotos, dibujos, y souvenires. Cuando viajo, hago contacto
con mi esposa tantas veces como puedo. Si estoy luchando con la
tentación, trato de ser honesto y lo confieso en oración. Una férrea
lealtad a nuestras esposas también es la clave; trato de hablar muy
bien de mi esposa en publico y nunca degradarla ante otros. Soy
cuidadoso al discutir mis problemas maritales con alguien del sexo
opuesto.
Además, mi esposa y yo nos interesamos por buenos libros, casetes,
seminarios y retiros que sirvan para mejorar nuestro testimonio.
Cuando mi esposa y yo fuimos a un encuentro matrimonial un fin de
semana, nos sorprendimos de descubrir algunas diferencias en
perspectiva que, dejadas sin tratar, hubieran causado problemas en
el camino.
Tomo precauciones. Un pastor se dio cuenta de que sus pensamientos
eran de continuo con una líder de la iglesia, en lugar que con su
esposa. Luego de meses de racionalizarlo, tuvo que admitirse que
buscaba razones y excusas para estar cerca de ella. Luego hizo una
regla de hierro: «la voy a ver sólo cuando sea necesario, tanto
tiempo como sea necesario, sólo en la oficina, y con otros presentes».
Al tiempo, su relación volvió a un cauce sano.
Me interrogo a mí mismo. ¿Hago de antemano citas especiales con esta
persona? ¿La veo más que a mí esposa? ¿Busco verla fuera de mi
oficina en un ambiente más casual? ¿Prefiero que mis otros líderes
no sepan que me veo con ella otra vez?
Hago frente a las señales sutiles de una atracción sexual. Hay una
mística en el ministerio espiritual que algunas personas encuentran
atractiva. Es peligroso para un pastor, que quizá esté lamiendo sus
heridas frescas de la ultima asamblea (¡los diáconos saltaron sobre
el pastor!), el recibir atención de una hermana atractiva que
obviamente lo admira y está pendiente de cada una de las palabras
del pastor. Frecuentemente el esposo de esta dama está muerto o
débil. Al encontrar que su esposo es inmerecedor de su respeto, ella
transfiere su afecto a este maravilloso hombre de Dios, su pastor.
Esto es inconsciente, y por lo tanto, aun más peligroso.
Ella puede enviarle notas de aliento, pequeños regalitos; y puede
ser que él le corresponda. Las expresiones de afecto pueden pasarse
de la clásica y sana practica hermano-hermana. Sus manos se toman
fuertemente en oración, el brazo se apoya suavemente en el hombro;
los abrazos se hacen frecuentes. Todo esto parece inofensivo, pero
un poderosos y sutil proceso que envuelve el alma ha comenzado. Si
las cosas no están bien en la trinchera (el hogar del pastor), este,
consciente o inconscientemente, compara a esta mujer con su esposa,
quien es descuidada con él. Esta comparación es mortal, y hasta que
no pase, puede guiar a un romance encubierto, que termina en
adulterio.
Una relación puede ser sexual mucho antes que se convierta en
erótica. Porque no toque a una mujer, o porque no imagine encuentros
eróticos, no significa que no me esté involucrando sexualmente con
ella. Lo erótico no es el comienzo, sino la culminación del
atractivo sexual. Muchos pastores que terminan en la cama de una
mujer, no solamente lo hacen por gratificación sexual, sino porque
creen que han comenzado a amar a esa mujer.
Una vez le pregunté, a una mujer que obviamente estaba interesada en
un hombre casado con quien trabajaba, acerca de su relación con él.
«Somos sólo amigos», dijo ella con una actitud defensiva que
indicaba que no lo eran. «Es puramente platónico, no hay nada de
sexual». En cosa de meses, sin embargo, los dos amigos se hacían ««naricitas»,
y finalmente, su «amistad» hizo que dos matrimonios dieran con sus
narices por tierra.
La lascivia no es pasión desenfrenada. Aun cuando pueda ser «frenada»
puede guiarnos a un camino que nuestra conciencia no podría
soportarla si la hubiera experimentado en otras circunstancias.
Entonces, nuestros enemigos no son solamente pensamientos lascivos
sexuales, sino sentimientos «no dañinos» de fantasías no concretadas.
Me retiro tempranamente. Luego de reunirme en tres ocasiones con esa
mujer que buscaba consejo pastoral, me di cuenta que estaba
interesada personalmente en mí. Lo más peligroso es que
subconscientemente me di cuenta antes, pero disfruté su atracción al
contarme el problema.
Aunque yo aún no estaba emocionalmente involucrado o le había dado
una agencian impropia, no estaba haciendo nada para que ella pensara
lo contrario, y por lo tanto yo parecía estar disponible.
Me sentí tentado a tomar este asunto como poco importante, «sabiendo»
que nunca me involucraría con ella. Hicimos otras citas de
consejería.
Me limpio de los pensamientos sombríos. Frecuentemente justificamos
nuestros coqueteos con racionalizaciones lógicas, aun espirituales.
Un pastor no le dijo a su esposa sobre sus frecuentes citas con una
mujer en particular aduciendo que no debía violar el secreto de
confidencialidad, ni aun con su esposa. Además, él sentía que su
esposa estaría celosa (sin una buena razón, por supuesto), entonces
¿para qué preocuparla? Bajo las excusas de profesionalismo y
sensibilidad con su esposa, procedió a reunirse con esa mujer en
forma secreta. El resultado es predecible.
Otro pastor había estado luchando con pensamientos respecto de una
estudiante de secundaria de su iglesia. En lugar de tratar estos
problemas con el Señor, un hermano maduro, o con su esposa, él llevó
a la chica a almorzar. Citando el mandato bíblico de confesar sus
pensamientos y arreglar las cosas con la persona ofendida, le dijo a
ella, «estuve teniendo pensamientos de orden sexual contigo y sentí
la necesidad de confesártelos». Confundida, pero elogiada, la chica
comenzó a tener sus propios pensamientos hacia él, y finalmente sus
pensamientos se consumaron.
Todo esto vino de lo que el pastor pensó que era una decisión
espiritual y obediente al hablarlo con la adolescente. El usar mal
las Escrituras y violar la sabiduría y el sentido común evidencia lo
sombría que puede ser nuestra forma de razonar.
Me hago responsable ante alguien. Quizá en ninguna otra área sea
aconsejado esto, y al mismo tiempo es el área que menos se practica
el rendir cuentas. Hablando con líderes cristianos, comprendo que
cuánto más encumbrados estén, más necesitan «dar cuentas», y al
mismo tiempo, tienen menos oportunidades de hacerlo. Cuando la
iglesia comienza a crecer, los pastores conocen más gente, pero en
forma más superficial, y alrededor de él piensan, ¿quién soy yo para
decirle algo si está tomando una buena decisión?
Muchos pastores en pequeñas iglesias se sienten solos, y aun en
iglesias grandes con un equipo de trabajo los pastores son llaneros
solitarios cuando les toca enfrentar los problemas morales.
Por varios años hemos dedicado las dos primeras horas de nuestra
reunión semanal del equipo pastoral a discutir los «sufrimientos y
gozos» personales (1Cor.12:26), diciéndonos es estado de nuestras
vidas espirituales, buscando y ofreciendo oración y consejo. Nos
aseguramos que nadie quede afuera. Preguntamos, «¿cómo te está yendo?»,
y si las respuestas son vagas o algo parece mal, probamos más
profundo. Al principio, uno se siente al filo del peligro. Implica
confiar nuestras reputaciones a otros abriendo nuestro ser a una
honesta investigación. Pero da como resultado un ánimo positivo. Los
riesgos, nos dimos cuenta, son pequenos comparados con las
recompensas. A diferencia de otros pastores, no nos sentimos solos
en el ministerio. Conocemos las imperfecciones de otros, y no
tenemos nada que probarnos unos a otros. Los pastores que no tienen
un equipo pastoral pueden encontrar a uno o dos hermanos, o a un
pastor cercano que los ame tal como son y les haga regularmente
preguntas difíciles. ¿Qué preguntas? Usualmente las preguntas que
menos queremos contestar. Y Howard Hendricks sugiere que luego de
que hagan todas las preguntas, la última debe ser: «En tus
respuestas a las preguntas anteriores ¿mentiste?».
Rendir cuentas de esta manera puede producir resultados maravillosos.
Una vez que estaba soportando un tiempo de tentación sexual,
finalmente llamé a un amigo. Le dije por teléfono: «Por favor ora
por mí, y pregúntame mañana en la mañana lo que hice». Accedió y en
el momento que colgué la tentación había pasado. ¿Por qué? Me
gustaría decir que porque soy tan espiritual, pero la verdad es que
no tendría cara de enfrentar a mi amigo y decirle pequé.
Guardo mi mente. Un carnero puede embestir el portón de un castillo
mil veces, sin resultado a la vista, pera al final ceden las puertas.
De igual manera, la inmoralidad es el producto acumulado de pequeñas
indulgencias mentales y compromisos minúsculos, las consecuencias
inmediatas de lo que eran, en su momento indiscernible.
Nuestros pensamientos son la fábrica en la que tejemos nuestro
carácter y nuestro destino. No, no podemos evitar el estímulo
sexual, pero en las palabras de Martín Lutero, «No puedes evitar que
los pájaros vuelen alrededor de tu cabeza, pero puedes evitar que
hagan un nido en tu cabello», tenemos luz de lo que sí podemos hacer.
Me gusta ponerlo de otra forma: «Si estás a dieta, no vayas a la
panadería». Para mí esto significa tomar pasos prácticos para
permanecer lejos de kioscos, videos, propagandas, programas que me
incitan.
Un hombre que viaja mucho me refirió una practica que le ayuda a
guardar su mente de la inmoralidad. «Cuando llego a un hotel, - me
dijo - donde estoy por dos o tres días le pido a la empleada que
quite la televisión de mi cuarto. Invariablemente me miran como un
loco y me dicen, “Señor, si no quiere mirar televisión no la prenda.”
Sin embargo, amablemente insisto, y nunca he sido rechazado. El
punto es que yo sé mis puntos débiles y en momentos de soledad, voy
a ser tentado a mirar películas inmorales que están disponibles con
sólo apretar un botón. En el pasado cedí una y otra vez, pero no más.
Tener el televisor fuera de mi cuarto ha sido mi manera de decir:
“Soy serio respecto de esto, Señor”y ha sido la llave de la victoria
en mi batalla contra la inmoralidad».
Cuento con regularidad las consecuencias. Conocí a un hombre que
había sido líder en una organización cristiana hasta que cayo en
inmoralidad. Le pregunté, «¿Qué pudo haber hecho para prevenir esto?».
Hizo una pausa, y me dijo con precisión, «Si hubiera sabido, si
realmente hubiera pensado lo que le costaría a mi familia y a mí,
honestamente creo que nunca lo hubiera hecho».
Viendo la caída de tantos líderes, un co-pastor y yo desarrollamos
una lista de las consecuencias específicas que resultarían de
nuestra inmoralidad. La lista era devastadora, y para nosotros habló
mucho más poderosamente que un sermón. Periódicamente, estando de
viaje o en momentos de debilidad, leemos la lista. En una forma
tangible y personal nos muestra la inviolable ley de escoger y su
consecuencia, despejando la niebla de las racionalización y llenando
nuestros corazones con el saludable y motivador temor de Dios.
Me obligo a ganar la batalla. En la novela de J.R.R. Tolkien, El
Hobbit, no había nadie más poderoso que Smaug, el dragón. Pero el
pequeño Bilbo Baggins, encontró un punto débil en el vientre bajo de
Smaug. Esa información en manos de un poderoso guerrero - y Bilbo no
lo era por cierto - fue tan sólo lo que se necesitó para sellar el
destino del presuntuoso dragón. Inadvertido de su debilidad y
desestimando a sus oponentes, Smaug no se protegió. Una flecha le
atravesó justo en ese lugar. Una historia excitante con un final
feliz. Sin embargo, cuando un líder cristiano cae, el final no es
feliz. Es trágico. El Malvado conoce muy bien los puntos débiles de
los guerreros cristianos. Él no gastará sus flechas tirándolas a las
partes duras de nuestra armadura. Su objetivo es mortal, y será
sobre nuestros puntos flacos que atacará.
Estamos en guerra - una guerra más fiera y estratégica que
las que Alejandro, Aníbal o Napoleón hubieran peleado jamás. Debemos
darnos cuenta que nadie se prepara para una batalla de la que no es
consciente, y nadie gana una batalla para la que no se prepara.
Como escuchamos decir a líderes cristianos que caen en inmoralidad,
«no debemos decir meramente, “Sólo por la gracia de Dios, pude salir”,
sino “Por la gracia de Dios - y por estar alerta y diligente en mi
batalla espiritual - puedo aún salir”».
Ideas básicas de este articulo
1. Todo pastor y líder cristiano debe reconocer que sí es vulnerable
a cualquier inmoralidad sexual.
2. Tres áreas básicas deben considerarse para tomar precauciones
contra la inmoralidad sexual: el impulso espiritual, el matrimonio
las seniles sutiles de una atracción sexual.
Pregunta para pensar y dialogar
1. ¿Cuáles de las precauciones que el autor comparte de su vida
personal no ha tomado usted y sabe que necesita tomar? Escríbalas.
2. Si por la lectura de este articulo usted ha descubierto que se
encuentra en alguna situación de riesgo de inmoralidad sexual, ¿qué
acción concreta ha decidido tomar?
3. Si aún no tiene a quien rendirle cuentas, busque ¡ya! A quién
hacerlo. ¿Qué es lo primero que va a compartir con ella?
4. Trabaje junto con la persona a quien va rendir cuentas haciendo
una lista de las consecuencias específicas que resultarían de su
inmoralidad.
*Randy C. Alcorn es director de Ministerios en Perspectiva Eterna en
Oregon, Estados Unidos. Tomado de la revista Christianity Today,
edición de Internet. Febrero de 2002.
Traducido por el pastor José Nuñez.
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